De vampiros a terapias

20.08.2021

La sangre que corre por nuestras arterias tiene un color rojo brillante, mientras que la de nuestras venas tiene un color rojo oscuro y opaco Esta diferencia en el color se debe a la cantidad de oxígeno en la sangre, siendo esta menor en las venas. A pesar de esto, una pregunta que seguramente todos nos hicimos en algún momento es: ¿por qué las venas se ven azules a través de la piel?

La explicación es parecida a la que en un artículo anterior explicaba por qué el cielo es azul, podemos resumirlo en que es un efecto óptico, y se da por la forma en que la luz pasa a través de nuestra piel. Por eso, sabemos que las venas que se ven azules están aproximadamente a 0,5 mm por debajo de la epidermis.

En algún momento de nuestra historia, se empezó a llamar Sangre Azul a los miembros de las familias reales europeas, ya que estos evitaban exponerse demasiado al sol, y en consecuencia, eran extremadamente blancos - a diferencia del resto de las personas, que realizaban trabajos al sol - y sus venas eran muy visibles.

La sangre de la realeza, sin embargo, igual que la del resto de nosotros, obtiene su color por los glóbulos rojos, que son los encargados de transportar el oxígeno a través de nuestras venas y arterias, y para eso, usan una proteína llamada hemoglobina, más específicamente, una parte de la misma llamada hemo, que obtiene su color rojo por poseer un ión de hierro (Fe^+2).

Para fabricar la molécula hemo, se deben cumplir 8 "pasos", que son llevados a cabo por proteínas que llamamos enzimas. Cada enzima es particular, y puede fallar si el gen asociado a la misma muta. El conjunto de esas mutaciones se denomina porfirias, y son deficiencias genéticas que llevan a fallas en la fabricación del grupo hemo. Por lo que una persona que nace con porfiria, tiene problemas en el transporte de oxígeno por la sangre, y esto le causa anemia, y es por eso que las personas con porfiria tienen una piel muy pálida. Además, los "precursores" del hemo - es decir, las moléculas que se obtienen cuando la fabricación del hemo falla - se acumulan en los órganos y tienen efectos tóxicos en los pacientes.

Los vampiros, son criaturas fantásticas que aparecieron en leyendas alrededor del mundo repetidas veces, desde hace muchísimo tiempo. Existen relatos de Egipto, China, Babilonia, Persia, India, Roma, e inclusive en antiguas culturas americanas, que describen criaturas que fácilmente podrían clasificarse como vampiros; sin embargo, los mitos más conocidos en la actualidad son aquellos provenientes de Europa oriental, y una teoría que busca explicar el origen de este mito en todas partes del mundo, lo relacióna directamente con la porfiria.

Uno de los síntomas de la acumulación de precursores en la piel es la fotosensibilidad, que causa heridas al exponerse a la luz intensa, en algunos casos, las heridas podían ser tan graves como para que una persona con un caso severo de porfiria perdiera los dedos de la mano. Las personas con estos síntomas tenían, en consecuencia, hábitos nocturnos, evitaban la luz del sol, y evitaban pasar frente a espejos - para no ver las marcas que estas heridas les causaban en las zonas más afectadas, que solían ser la cara y las manos.

Se sabe que las proteínas son degradadas en el estómago, sin embargo, el hemo puede ser absorbido por el organismo, por lo que personas con porfiria pueden tomar sangre como una forma de tratamiento, y de esta forma mejorar el transporte de oxígeno, pero la degradación del hemo puede darse por distintas causas, por ejemplo, el consumo de ajo, ya que este activa enzimas que se encargan de degradar el hemo, por lo que una persona con porfiria evitaría el ajo a toda costa, ya que la degradación del grupo hemo empeoraría su ya deficiente transporte de oxígeno por el cuerpo.

El rasgo más obvio a la hora de distinguir un vampiro, ya sea en una ilustración, un disfraz o un cuento, además de su piel pálida, suelen ser sus colmillos, que se destacan por ser más largos que los de una persona normal. Lo que se puede explicar observando otro sintoma que aparece por la acumulación de precursores, esta vez, en las encías. El daño en el tejido provoca que las encías se contraigan, lo que resulta en una mayor exposición de los dientes, que tienen raices muy largas, pero que generalmente están cubiertas.

Otro miedo conocido de los vampiros, que resulta fácilemte explicable, es el miedo a las cruces y otros símbolos de la iglesia católica, lo que no resulta nada extraño al considerar que esta se ocupó de cazar a personas acusadas de vampirismo por años - durante la llamada "santa inquisición". Cualquier persona que naciera con porfiria, por lo tanto, trataría de mantenerse alejado y oculto de los practicantes de esta religión a cualquier costo.

Por suerte, cuando no se quemaba a los vampiros, se pudo estudiar esta enfermedad y conocer sus causas, y a partir de ese conocimiento surgió una idea: usar la toxicidad de sustancias acumuladas - precursoras del hemo - para un bien terapeutico.

Lo que se aprendió fue que la acumulación de ciertas sustancias en los organos y la exposición de las partes afectadas del cuerpo a la luz, causa daño, y ese daño puede ser direccionado, si se concentra la sustancia tóxica en una parte específica del cuerpo y se expone a la luz de forma directa. Esto dió origen a la fotoquimioterápia o terapia fotodinámica, que consiste en usar un medicamento llamado fotosensibilizador, que expuesto a una longitud de onda específica - es decir, a un tipo específico de luz - causa un daño a las células de su entorno.

Un limitante para este tipo de tratamientos es que la luz necesaria para activar las sustancias tóxicas no penetra facilmente en los tejidos, por lo que la zona a tratar debe ser una accesible a la luz - por ejemplo, la piel.

Por sorprendente que parezca, la idea de combinar sustancias y luz con fines terapeuticos no es nueva, existen registros de este tipo de tratamientos en civilizaciónes antiguas. Por ejemplo, en el antiguo egipto, se preparaba una infusión con un yuyo llamado Ammi Majus, que crece en las orillas del río Nilo; las personas tomaban dicha infusión y luego se exponían al sol para tratar el vitiligo - una enfermedad de la piel.

En la actualidad, este tipo de terapias estan siendo estudiadas para tratar un problema cada vez más preocupante: la resistencia microbiana a los antibióticos. A diferencia de los antibióticos, que "frenan" una etapa del desarrollo o la vida de las bacterias, la terápia fotodinámica consiste en dejar a las bacterias absorver la molécula tóxica, y luego, generar toxicidad dirigida a los esos microorganismos, con luz.

La inspiración para este artículo la obtuve de éste podcast, y algunas otras fuentes que consulté para armarlo estan disponibles acá y acá.

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