Hedy Lamarr

05.06.2021

"Cualquier chica puede ser atractiva, solo tiene que quedarse quieta y parecer estúpida".

- Hedy Lamarr

¿Alguna vez quisiste mandar un mensaje a una persona, asegurándote de que sólo esa persona pudiera leerlo? Por siglos los humanos buscamos la solución a ese problema, por todo tipo de razones, muchas veces, en situaciones que podían ser de vida o muerte.

En la antigua Grecia, por ejemplo, los militares utilizaban claves secretas para evitar que el enemigo descifrara sus mensajes. En aquel entonces, los métodos que se usaban para esconder el mensaje eran simples, como cambiar el orden de las letras y/o de las palabras. De esta forma se dio origen a la criptografía, y con el pasar de los años, los métodos para encriptar mensajes se volvieron más complejos y sus usos más variados, y hoy en día, tanto militares como civiles, los usamos todo el tiempo, incluso - la mayor parte del tiempo - sin saberlo.

El 9 de noviembre de 1914, en Viena, única hija de un banquero y una pianista, nació Hedwig Eva María Kiesler, la protagonista de esta historia. Desde pequeña aprendió a tocar el mismo instrumento que su madre y en el colegio atendió a clases de danza, idiomas y ciencias naturales, y era reconocida por sus profesores como una niña prodigio.

Al llegar a la universidad decidió estudiar ingeniería, pero abandonó su carrera para ser actriz, y lo consiguió, cuando Max Reinhardt la llevó a Berlín para que completara sus estudios de interpretación, antes de volver a Viena para trabajar en el cine.

Su nombre alcanzó la fama en 1932, tras su aparición en Éxtasis, cuando se convirtió en la primera mujer en mostrar su rostro al aparecer completamente desnuda y actuar el primer orgasmo en una película, lo que causó que ésta fuera tachada de escándalo sexual, y se prohibió su proyección en salas de cine.

Fritz Mandl, el dueño de una empresa armamentística - que más adelante sería reconocido como "ario honorario" por el mismísimo Hitler, a pesar de su ascendencia judía - quedó maravillado por la belleza de Hedwig, por lo que arregló el matrimonio con su padre, el banquero, y obligó a Hedwig a mudarse al famoso castillo de Salzburgo con él, donde sólo se le permitía desnudarse y bañarse en su presencia, y se le obligó a participar de cenas de negocios y actos sociales, para que su esposo no la perdiera de vista. Pero ella no perdió su tiempo, y además de usar las reuniones de Mandl para aprender sobre armamentística y tecnología militar, usó su tiempo encerrada para completar sus estudios de ingeniería.

Vivir bajo custodia le resultó tan insoportable, que decidió huir por una ventana del castillo, llevando nada más que la ropa que tenía puesta y un par de joyas que vendió para pagar su transporte. Después de varios de persecución, llegó a Londres, donde consiguió abordar un transatlántico con rumbo a Estados Unidos. En ese barco conoció al ese entonces conocido productor de Hollywood, Louis B. Mayer, y antes de llegar a puerto - en lo que fue un viaje de un poco más de un mes - obtuvo una oferta de trabajo como actriz, con la condición de que cambiara su nombre, para que su trabajo no fuera relacionado con la película Éxtasis, y desde entonces adoptó el nombre de Hedy Lamarr. Al llegar a los Estados Unidos, Hedy fue presentada como "la mujer más hermosa del mundo", y no tardó en convertirse en una estrella de Hollywood.

Años más tarde, su ex esposo también cruzaría el Atlántico, con rumbo a la Argentina, donde sería arrestado al finalizar la segunda guerra mundial. Mandl fue capturado y encarcelado por haber colaborado con el gobierno Nazi, y estuvo a punto de ser enviado a Estados Unidos, pero pudo quedarse en la Argentina después de negociar un par de lingotes de oro - que se cree, habían sido robados a familias judías durante la guerra, pero ingresaron al país eficientemente lavados - con el gobierno del entonces presidente, Juan Domingo Perón. Además, pudo negociar su libertad, y se compró una humilde residencia en las sierras de Córdoba, que a partir de entonces sería conocido como El Castillo de Mandl, y que hoy en día es un hotel carísimo. 

Pero antes de que Mandl fuera arrestado en el sur, cuando todavía el oro estaba siendo robado en Europa, Hedy decidió ayudar a los Aliados a ganar la guerra. Lo primero que hizo fue ofrecer su trabajo como ingeniera en el recientemente creado Consejo Nacional de Inventores, pero su oferta fue rechazada, y las autoridades le recomendaron que se dedicara a ayudar con su belleza, a través de la venta de bonos de guerra. En lugar de ofenderse, Hedy contactó a su representante, y en menos de una noche juntó más de 7 millones de dólares - ofreciendo un beso a quienes adquieran más de 25.000 dólares en bonos - pero no se detuvo ahí, Hedy sabía que podía aportar más con sus conocimientos técnicos y científicos.

Tras el hundimiento de un barco lleno de refugiados, Hedy se interesó por las medidas de seguridad y defensa. En ese entonces, las comunicaciones se realizaban por ondas de radio, que podían ser fácilmente interceptadas o interferidas, además de que no solo eran usadas para comunicación, sino también para dirigir misiles. Hedy ideó un método para encriptar los mensajes, de forma que fuera imposible interceptarlos, y se basaba en que el mensaje fuera dividido en partes y enviado ordenadamente con saltos entre las frecuencias, de manera que sólo quien conociera las frecuencias usadas, pudiera recibirlo. Pero a pesar de construir las máquinas capaces de enviar y recibir el mensaje, tenía problemas para sincronizarlas, para que el emisor y el receptor usaran las mismas frecuencias, al mismo tiempo.

En una cena, Hedy conoció a George Antheil, un pianista y compositor estadounidense que años antes había logrado sincronizar sin cables 16 pianolas, que formaban parte de una orquesta mecánica - la cual no tuvo mucho éxito, y se dice que miembros de la audiencia arrancaron sus butacas y las lanzaron al foso de la orquesta durante la primer presentación - y eso era justo lo que Hedy necesitaba, hablaron de su trabajo durante toda la cena, y hay quienes dicen que al irse, Hedy anotó su número de teléfono en el parabrisas del auto de George, con su lápiz labial.

Después de 6 meses de trabajo en conjunto, lograron que el método de Hedy funcionara, y presentaron una patente bajo el nombre de "Sistema Secreto de Comunicaciones". El invento de Hedy interesó al ejército, pero la tecnología de la época no estaba lo suficientemente desarrollada para su implementación práctica, por lo que fue archivado y olvidado por unos años. Años en los que Hedy volvió al cine y fundó su propio estudio de grabación, con el que protagonizó muchas películas, con poco éxito.

Años más tarde, en 1962, el gobierno estadounidense utilizó la tecnología de Hedy para transmisiones militares durante la crisis de Cuba, para el control remoto de boyas rastreadoras. Más adelante, se volvió a usar en la guerra de Vietnam y en satélites de defensa, pero para ese entonces, la patente había caducado, por lo que Hedy recibió ni un centavo.

En la actualidad, sistemas como los de telefonía celular, el wifi y el bluetooth, utilizan tecnología basada en la transmisión en efecto ensanchado por salto de frecuencia - el método de encriptación desarrollado por Hedy Lamarr - y cada vez se encuentran más aplicaciones para la transmisión de datos sin cables. Muchos años más tarde - demasiados - casi al final de su vida, cuando sus méritos como inventora fueron reconocidos oficialmente, su respuesta fue "Ya era hora".

Hedy murió el 19 de enero del 2000, y sus restos fueron enviados a Viena. Cada 9 de noviembre, en Austria, Alemania y Suiza, se celebra el día del inventor en honor a su nacimiento.


La información de este artículo la saque de este blog y este podcast.

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